ESPACIO QUE USO PARA ESCRIBIR UN POCO CUANDO ME DAN GANAS, SOBRE LO QUE TENGO GANAS, TRATANDO DE QUE SEA INTERESANTE PARA ALGUIEN... Y QUE VA A TENER SENTIDO SIEMPRE QUE ALGUIEN LO LEA, POR LO QUE PUEDE QUE RÁPIDAMENTE PIERDA EL SENTIDO.

lunes, 25 de abril de 2011

Momento para la ficción

La columnista Milagros David (mi hermana), nos ofrece esta ficción que escribió hace alrededor de 10 años. 100_2623

Hangman (verdugo)

Apagué el motor del auto, y miré directamente para arriba. Mis ojos, como dos pájaros enjaulados, buscaban desesperadamente alguna señal tranquilizadora. Y cuando lo vi, agitándose desde la baranda del balconcito, con una gracia que ni la muerte sabría quitarle, me convencí, en mi atónita tristeza, de que él había cambiado más que yo.

Las cosas entre nosotros habían fluido siempre con absoluta naturalidad. Las palabras, las caricias, los proyectos. Miro hacia atrás y no me explico por qué cambió tanto, y tan rápido, nuestra situación.

Es verdad que también hubo secretos, reservas, celos y misterios que los dos teníamos a flor de piel, y que nunca pudimos develar. Había días encantados, de descubrir soles, de inventar mundos posibles, de entretejer con las notas de nuestras palabras, pequeñas charlas que eran como sinfonías, como música para los oídos dispuestos. Y había días de desencuentro. Días en que afloraba ese misterio, esa distancia insalvable como la cuenca de un océano que se volvía más ancho y profundo cada día. Días de bullicio exterior, pero de un silencio crudo e hiriente que subyace.

verdugo Estos eran días como los que preceden, en una cárcel, a una fuga inminente, que se avecina. Yo, la guardiana que, confundida, presiente un futuro tajante y cercano, ante el cual no puede decidir si usar una fuerza dulce y sutil, pero traidora, o un acuerdo aparente de paz, pero con una inevitable efervescencia como trasfondo. Él, el prisionero de sus propias pasiones, dispuesto a cumplir sin vacilar su plan transgresor y premeditado, y emprender el vuelo hacia la libertad, dejando tras de sí las huellas de un dolor que nunca pudo ahogar en otras aguas.

Y al final de estos días, nos encontrábamos parados, uno en cada orilla de nuestro enorme océano, vacío, mirándonos frente a frente, sin encontrar en los otros ojos más que oscuridad y soledad, disimuladas en un incendio de palabras.

Pero los días de aguardar penosamente las lágrimas que se aprestaban a caer, debían terminar. Así lo dijo él, cuando me llamó por teléfono hace como diez minutos. El hielo de su voz me dijo lo que sus palabras no podían, y salí sin demora para la casa donde tantas veces lo había buscado con igual ansiedad.

Llegué justo a tiempo para verlo, con el aplomo y el orgullo de un fruto maduro que cae de un árbol estéril. Se balanceó un par de veces en el extremo de la soga, atada a la baranda del balconcito, y el macabro destino hizo volver su rostro hacia el mío… Sus ojos abiertos me lanzaron una mirada eterna, de miedo resignado, y la sonrisa de la parca se instaló en su cara para siempre. Esperó por mí para encerrar definitivamente en su garganta las lágrimas que ya nunca rodarían por sus mejillas. Y supe, en mi atónita tristeza, que él había cambiado mucho más que yo.

FIN

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2 comentarios:

  1. Muy Groso viejo!!! Espero no sea una historia veridica esto!
    Saludos.

    Esteban V.C.

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  2. Muy acertada la descripción de lo que pasa cuando se termina algo...

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